Extraña simbiosis (1985), artículo que explica la relación entre marxismo y pancatalanismo

Recuperem un artícul redactat en juny de 1985 pel periodiste Ramón García Hernández, i publicat en Las Provincias de Valéncia fa 35 anys. Al llegir-lo, podem observar com la situació, 25, 30, 35 o 40 anys despuix no ha variat gens ni miqueta: la simbiosis entre marxisme i pancatalanisme es troba hui més viva, si cap, que mai.

 
No sé si será acertado o no el calificativo de «extraña» aplicado al caso que vamos a exponer, puesto que la definición del diccionario es «asociación de organismos de especies distintas que viven juntos y se favorecen mutuamente en su desarrollo». Dejemos pues, a juicio del lector, el acierto de la frase.
 
Muchas son las veces que nos hemos preguntado por las razones que justifiquen esta extraña simbiosis con que se nos muestran fuerzas de signo ideológico tan dispar como son comunistas, socialistas y afines, junto con la oligarquía catalana, unidos todos en el proyecto de los mal llamados «países catalanes».
 
Por mucho repaso que hayamos dado a la historia, buscando alguna razón que nos sirviera de base, para justificar esta actitud de hermanamiento en partidos situados en las antípodas ideológicas unos de otros, no las hemos encontrado. Ello es por una razón muy simple: es que no las hay. Porque tal proyecto rebasa con creces el marco de la ética y la moral, y para estos casos ¡jamás! puede haber justificación.
 
Ahora bien, lo que sí hemos hallado son las «razones» que lo explican. Éstas son tan complejas y tan amplias, que analizarlas y desarrollarlas resulta poco menos que imposible en el corto espacio de un escrito. No obstante, y de manera esquemática, nos vamos a aventurar a hacerlo. Muchas son las circunstancias, los factores (históricos, políticos, geográficos, sociológicos e incluso psicopatológicos, etc) que inciden de manera determinante, directa o indirectamente, en este proceso imperialista.
 
Y cuando así lo tildamos, no hacemos sino interpretar las filosofías del catalán Prat de la Riba: «el imperialismo es hijo natural del nacionalismo. Cuando éste se encuentra exultante dentro de sus fronteras se desborda inundando las tierras vecinas». Queda, pues, claro cuáles eran y son sus intenciones. Intenciones que sus epígonos y coríferos de turno están llevando a la práctica hasta sus últimas consecuencias.
 
Analizando fríamente esta metáfora, y ni aún adoptando una actitud ecléctica, se puede admitir como reivindicación el aspecto imperialista implícito en la misma. Por eso, por mucha literatura que se le eche encima y por mucho que se trate de darle visos de legalidad, aportando datos, sabiamente manipulados, o aduciendo hipotéticos alegatos de derecho histórico, difícilmente se podrá convencer a nadie (salvo a los mentalizados en ese dogma) de las «razones» que lo justifiquen.
 
Volviendo al tema central de este escrito, la razón de la extraña simbiosis: ésta se genera a través del comunismo, cuya génesis la encontramos con la aparición del Manifiesto Comunista en 1848. las filosofías de marx y Engels establecieron una escuela y una táctica que aún perduran. Resumidas éstas, vienen a decir: «los comunistas apoyan por doquier todos los movimientos revolucionarios contra el régimen social existente, derrocándolos por la violencia, estimulando al proletario del deber que tiene, en primer lugar, de conquistar el poder político, y elevarse a la condición de clase dirigente de la nación».
 
Si el romanticismo fue fuente de inspiración para la exaltación del nacionalismo, especialmente en el siglo XIX, y no es aventurado afirmar que aún lo es, este nuevo ingrediente, el marxismo, marcó un hito muy importante, por la repercusión que tuvo en el desarrollo de todos los movimientos irredentistas. Sus filosofías fueron estudiadas y desarrolladas, y laboratorios montados al efecto en universidades europeas. Sus tesis formarán todo un «corpus» doctrinal que irán siendo asumidas por todos estos movimientos de emancipación, a lo largo y ancho del planeta hasta nuestros días.
 
La cristalización de estas enseñanzas se producen con la aparición del leninismo. Su inspirador, Lenin, convirtió en una síntesis comunista las tesis nacionalistas, transformándolas en un arma de combate de ineludible asunción para todas las delegaciones del partido comunista esparcidas por el mundo.
 
En las conclusiones del II Congreso de la Internacional Comunista (Petrogrado, 1920) y en su condición octava, como mención específica, decía: «la obligación ineludible que tiene todo comunista de apoyar y fomentar de manera hegemónica todas las luchas de liberación, de colonias, territorios o nacionalidades oprimidas». A Cataluña se la presenta como tal en los foros internacionales. Así se explica el imperio de los partidos comunistas sobre los nacionalismos.
 
Terminemos pues esta simple exposición (que quizás hayamos «descafeinado» al sintetizarla) con las palabras de Jordi Pujol: «la catalanización cultural (base de la política) fue a cambio de la infiltración marxista» (Las Provincias, 10/05/81). Sirvan éstas como símbolo de la extraña simbiosis.

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