¿Sabes quiénes fueron los morisquets de La Marina?

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Los morisquets de La Marina fueron los hijos de los moriscos expulsados que fueron forzados a quedarse a vivir en La Marina (Alicante) a partir de 1609, y fueron numerosos. Muchos eran hijos de los que se habían sublevado contra el decreto de expulsión en la Vall de Laguar y algunos fueron vendidos como esclavos en Castilla o Sicilia.

 

Los morisquets de la Marina fueron vendidos como botín de guerra, muchos incluso como esclavos, por ser hijos de aquellos moriscos que se sublevaron contra el decreto de expulsión de los moriscos de Felipe III en 1609. Arrancados «a foc i flama» de la compañía de sus padres muertos o exiliados – expulsados al Norte de África, aquellos niños morisquets de La Marina de todas las edades se vieron obligados a permanecer en la península, muchos de ellos en La Marina, y a educarse en el cristianismo.

 

Retrat d'en Baltasar Mercader

Aquellos niños que en vez de exiliarse con el groso de la población morisca rumbo a Orán siguieron viviendo en las poblaciones de la Marina, adoptados en casas de nobles, comerciantes, labradores o religiosos.

 

Se conocen a través de documentación de la época la cantidad e incluso los nombres de morisquets de La Marina que crecieron en Benissa (28 niños), Ondara (39), Calpe (13), Parcent (6) y Alcalalí (6) o Dénia (más de 200). Las características de esas relaciones resultan hoy, cuatro siglos después, sorprendentes y denotan la crueldad de los vencedores hacia los hijos de los derrotados: junto al nombre del niño, su edad, su procedencia y el nombre de su «presentador» -es decir, su tutor, el cabeza de la familia del nuevo hogar del morisquet-, se dan a conocer también las características físicas de cada menor, casi como si se tratara de reses o piezas de ganado.

 

De esta manera, quedó documentado, por ejemplo, que Jaume, de 6 años, tenía dos señales en la frente y en la ceja y buen aspecto; Caterina, de 6 a 7 años, marcas de viruela y los ojos hundidos; y Jerónima, de 12 a 13 años, era fuerte y con los ojos negros. Y así, decenas de descripciones sobre la salud, el aspecto físico o la disposición para el trabajo duro.

 

Secuestros y esclavitud, los motivos de su permanencia en La Marina

 

Según el bando de expulsión de Felipe III (22 de septiembre de 1609) podían librarse del éxodo todos aquellos menores de cuatro años con el consentimiento de sus padres o aquellos menores de seis años cuyo padre o madre fuera cristiano «viejo». Pero esas eran las disposiciones legales dictadas por la Corona.

 

La realidad, a pie de calles, pueblos y aldeas, fue muy diferente.galerasdescarga Se sospecha incluso que mientras los hijos de los moriscos que aceptaron a buenas la orden de expulsión pudieron partir con sus padres al Norte del África, los descendientes de quienes se sublevaron contra las intenciones de la Monarquía en revueltas como las de la Vall de Laguar o Muela de Cotes se vieron en cambio forzados a quedarse.

 

Y por ello precisamente se convirtieron en botín de guerra: secuestrados primero por las milicias que sometieron esas sublevaciones a sangre y fuego, acabaron en manos de nobles, miembros del estamento eclesiástico o labradores ricos.

 

Muchos de estos niños morisquets de La Marina acabaron convertidos en esclavos y algunos vendidos en Castilla o incluso en Sicilia; otros en cambio fueron más afortunados y se quedaron mucho más cerca de las poblaciones del interior de la Marina donde habían nacido: Benissa, Ondara, Calpe, Dénia, Xaló…

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