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Vicente Ramos Pérez, un intelectual alicantino para recordar y reivindicar

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Vicente Ramos Pérez ha sido uno de los intelectuales alicantinos más destacados del siglo XX, defensor a ultranza del valencianismo en su vertiente alicantinista, y uno de los máximos estudiosos de las grandes figuras de la época, como Gabriel Miró, Rafael Altamira, Azorín o Miguel Hernández.

 

Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Valencia y profesor extraordinario de Lengua y Literatura Española en la Universidad de Estocolmo, el que fuera cronista de la provincia de Alicante desde 1970.

 

Casado con Manolita Moya García desde 1943, su auténtica alma gemela, tuvo dos hijos, Vicente José y Manuela del Rosario. Vicente Ramos, que publicó numerosos artículos en el diario Información de Alicante a lo largo de su trayectoria, tuvo una intensa vida literaria, historiográfica y también política.

 

Azorín, Gabriel Miró y Miguel Hernández marcaron la vida de Vicente Ramos como su triunvirato intelectual desde que, como él mismo aseguraba, «la semilla prendió en mí de tal modo que Azorín alumbró, él solo, los albores estéticos de mi adolescencia hasta que, en 1937, descubrí a Gabriel Miró hermanándose las dos luces, las dos voces, en mi corazón». También desde que ese mismo año conoció al poeta oriolano en el Ateneo de Alicante sus versos calaron hondo en el historiador. Tanto que en 1950 escribió junto a Manuel Molina «Seis poemas inéditos y nueve más», con el objetivo de difundir la obra hernandiana y también de ayudar a la viuda y al hijo del poeta.

 

 

Inquieto, culto, perfeccionista, luchador y amante del conocimiento, Vicente Ramos se convirtió sin duda en uno de los grandes intelectuales de su época. En sus escapadas a Madrid se codeó con destacados personajes como Dámaso Alonso, Buero Vallejo, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Camilo José Cela, Gabriel Celaya, Francisco Umbral o Emilio Romero, mientras abría el abanico de sus investigaciones y de sus cerca de centenar de libros a temas tan variados como la literatura, el ensayo, la biografía, la historia, la política o el valencianismo.

 

Su admiración por Azorín quedó plasmada en los más de doce trabajos realizados en torno al autor monovero y también al convertirse en el primer director de la Casa-Museo Azorín, cargo que ostentó desde 1971 hasta 1983, cuando se jubiló. Hasta ese mismo año dirigió también la Biblioteca Gabriel Miró, fundada por él mismo a instancias de la antigua Caja de Ahorros del Sureste de España, actual CAM, de la que después ha sido director honorario vitalicio. La propuesta de fundar la Biblioteca Gabriel Miró supuso para el historiador llevar a cabo un sueño personal: «Crear una biblioteca de la nada, a mi gusto y a mi disposición, donde tanto yo como el resto de investigadores podríamos tener material de primera mano para nuestros trabajos».

 

Su dedicación a la cultura, como autor de numerosos libros y artículos, además de impulsor de publicaciones y revistas, le valió su ingreso en la Real Academia de la Lengua en 1968 (con el apoyo de Camilo José Cela, Laín Entralgo y Luis Rosales), como miembro correspondiente, igual que en la Real Academia de la Historia en 1966 y en la Academia de Alfonso X El Sabio de Murcia, además de numerario de la Real Academia de Cultura Valenciana en 1978, en las academias de Literatura y Filosofía de Buenos Aires y en la Academia Internazionale Neocastrum de Italia.

 

Numerosos premios, distinciones y reconocimientos jalonan la trayectoria de Vicente Ramos. De hecho, se alzó como ganador del I Premio Azorín Nacional de Literatura en el año 1965, con la obra Literatura alicantina. 1839-1939, un galardón polémico porque «por un lado estaban los que me tachaban de anticatalanista y por otro los que me acusaban de franquista… Al principio tomé posiciones, pero luego me pregunté para qué, sabiendo que era una campaña orquestada» (Semblanza).

 

Entre la enorme lista de reconocimientos a lo largo de su trayectoria, destacan la Cruz de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio del Ministerio de Educación y Ciencia, en 1968, y la Medalla de Oro de la Provincia de Alicante, que le fue entregada por su labor como historiador en 1997. Tiene en su haber asimismo el Premio Valencia de Literatura (1957), el San Isidoro de Ensayo del Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras (1963), y el Nacional de Biografía (1967), por Carlos Arniches.

 

Además de su pertenencia a numerosas academias de diferentes países citadas en el texto principal, fue nombrado Hijo Adoptivo de la Ciudad de Alicante en 1977 y de la Villa de Guadalest en 1973, e Hijo Predilecto de Guardamar del Segura en 1996. También cronista oficial de la provincia de Alicante en 1970 y de Guardamar en 1963, Caballero de la Orden de San Antón de Orihuela en 1966 y posee una avenida con su nombre en la ciudad de Alicante, inaugurada en 2002.

 

Fue condecorado con la Medalla de Honor del Ateneo de Alicante en 1990 y con el título de Alicantino Ilustre del Siglo XX del Casino de Alicante en 1999. El último galardón le llegó en 2003, cuando recibió la Medalla y Título de Honor del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

 

Ramos, que tiene una fundación con su nombre además de una calle en Guardamar del Segura, dedicó buena parte de su tiempo a analizar históricamente algunas de las instituciones culturales alicantinas, como el Teatro Principal («No me interesaba por el espectáculo sino por haber sido y ser el teatro alicantino por excelencia y revelar su incidencia en la Historia, como bien aclaré en el título», de Semblanza), el Ateneo así como Historia de la Diputación Provincial de Alicante, uno de sus más ambiciosos trabajos y el más reciente, al que dedicó su investigación en los últimos diez años, ya que llegó a publicar hasta el quinto tomo y se encontraba preparando el sexto hasta que la salud se lo permitió. Incluso se dio el lujo de flirtear con el fútbol, dedicando un libro al Hércules, «El Hércules CF y el fútbol en Alicante».

 

Significativa en su labor investigadora fue la publicación de los tres tomos de La Guerra Civil en la provincia de Alicante, realizados entre 1973 y 1974. La censura le «pidió» que quitara la palabra rebeldes «cuando me refería a los del bando nacional. Un solo término es una obra de tres extensos tomos», aunque «hoy habría añadido bastantes cosas más».

 

Su última aparición pública fue en junio de 2010, cuando acudió al Instituto Gil-Albert para presentar «Vicente Ramos, testigo de Alicante», realizada por el grupo GEA. «Nunca se acaba de hacer todo», dijo entonces.

 

Falleció en junio de 2011 a los 91 años, y fue enterrado en el cementerio del Vial de los Cipreses de Alicante. Un intelectual valenciano de los pies a la cabeza, y un referente cultural para poner en valor.

 

Para el valencianismo deja un par de obras especialmente referentes: «Agonía del pueblo valenciano» y «Pancatalanismo entre valencianos», además de estudios sobre la literatura alicantina, varias crónicas locales sobre poblaciones alicantinas y algunos ensayos políticos.

 

En Wikipedia encontramos sobre Ramos:

 

Creó las revistas Verbo y Sigüenza. En 1957 impartió clases de lengua y literatura española en Estocolmo. Ha sido miembro del Instituto de Estudios Alicantinos, de la Real Academia Española de la Lengua, de la Real Academia de Historia, y del Aula Gabriel Miró. Fue ganador del Premi Valencià de Poesía, y cronista oficial de la provincia de Valencia y de la de Alicante. También es hijo adoptivo de Alicante y Guadalest.

 

Durante la Transición Española destacó por su valencianismo, y fue de los intelectuales valencianistas más destacados en Alicante. En 1980 formó parte de la Associació Defensora dels Interessos Alacantins (ADIA). Intentó crear el partido Unión Provincial Alicantina, pero debido a su fracaso electoral ingresó en Unió Valenciana, partido por el cual, dentro de la Coalición Popular, fue elegido diputado por la circunscripción electoral de Alicante en las elecciones generales de 1982. En 1983 abandonó Unión Valenciana y se integró dentro del Grupo Mixto hasta 1986. También fue miembro de la Real Academia de Cultura Valenciana. En 2006 recibió la Medalla al Mérito Hernandiano de la Fundación Miguel Hernández.

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